Una hacienda del siglo XIX reconvertida en museo de la banana. Así dicho, uno duda. Pero la Casa del Plátano en Icod de los Vinos es una de las pequeñas sorpresas de Tenerife. Es el único museo de Europa completamente dedicado al plátano canario — esta banana más pequeña, más dulce y más perfumada que su prima de América Latina que se encuentra en todos los supermercados del continente. La visita dura 45 minutos, cuesta 5€, y te vas con una banana fresca recogida en la plantación y conocimientos que no esperabas.
El primer espacio es museístico: en las salas de la antigua hacienda, paneles (español e inglés), fotos de época y máquinas agrícolas cuentan cómo la banana llegó de Asia en el siglo XV, cómo transformó la economía de la isla durante décadas, y por qué el plátano canario obtuvo una etiqueta protegida (IGP Plátano de Canarias) frente a las bananas de importación. El segundo espacio es vivo: una pequeña plantación al aire libre con varias variedades de plataneras en diferentes estadios. Tocas las hojas gigantes, ves los racimos colgando, entiendes por qué un platanero tarda 18 meses en producir un solo racimo — y muere luego para renacer de sus brotes.
A la salida, la tienda ofrece una degustación gratuita: licor de banana (dulce, 20°, peligroso en estómago vacío), mermelada, chips de plátano, y un pastel de banana hecho en casa. Las dos señoras que atienden el museo son apasionadas y se toman el tiempo de explicar cada producto. A menudo te vas con una bolsa — la mermelada de banana-ron es el mejor recuerdo comestible de Tenerife, y los jabones artesanales de banana hacen regalos originales. Si hablas un poco de español, la visita vale el triple.
