Tenerife no es Berlín. Pero desde hace 10 años, los muros de la isla cuentan historias. Puerto de la Cruz inició el movimiento con el Festival Mueca: cuatro días de arte callejero cada mes de mayo que dejan murales permanentes en las fachadas del centro. Le siguió La Laguna con murales en sus calles declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Y Santa Cruz, la capital, ha transformado barrios enteros en galerías al aire libre. Todo sin mostrador, sin horarios, sin billete, sólo hay que caminar.
El barrio portuario y las calles que rodean la Plaza del Charco concentran los frescos más antiguos y espectaculares. El Festival Mueca (mayo, 4 días) invita cada año a artistas internacionales que pintan en vivo; las paredes cambian de año en año. Busque las obras en la Calle San Juan, la Calle Blanco y los alrededores del Lago Martiánez. El estilo va desde el hiperrealismo hasta composiciones abstractas gigantes. La oficina de turismo (Plaza de Europa) a veces tiene un mapa de los frescos; de lo contrario, pasee. Es cuando te pierdes que encuentras lo mejor.
La Laguna está catalogada como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO por su arquitectura colonial. El arte callejero coexiste con las fachadas del siglo XVI en una mezcla que no debería funcionar y que sí funciona. Los murales son más discretos que en Puerto: hay que mirar hacia arriba, entrar a los patios interiores, explorar los callejones perpendiculares a la calle Herradores. El distrito estudiantil (alrededor de la Universidad, la más antigua de Canarias, fundada en 1792) es el más animado: bares, graffitis, galerías alternativas. El primer viernes de mes, las galerías de arte de La Laguna abren sus puertas por la noche (Noche en Blanco): vino, música y arte contemporáneo en los patios coloniales.