A 700 m de altitud, en el cruce de las carreteras que atraviesan el Parque Rural de Anaga, el Mirador El Bailadero supone el primer impacto visual real del macizo. Por un lado, la costa noreste de Tenerife se hunde en el Atlántico: acantilados verdes, pueblos blancos aferrados a las laderas, mar turquesa. Por el otro, el bosque de laurisilva se extiende hasta donde alcanza la vista en medio de la niebla. Y abajo, Taganana, uno de los pueblos más remotos de la isla, parece una miniatura en su entorno montañoso.
El consejo: Llegue entre las 8 a.m. y las 10 a.m. hacia el mar de nubes: el bosque de Anaga emerge de la niebla en un espectáculo que dura de 30 a 45 minutos antes de que el sol lo disipe todo. Uno de los momentos más fotografiados en Tenerife, y no hay nadie.
El nombre proviene del español bailar (bailar). Según la tradición canaria, los guanches (los habitantes prehistóricos de Tenerife) se reunían aquí para bailar durante ceremonias rituales. El cruce de caminos sirvió también como punto de encuentro entre comunidades de los distintos valles de Anaga. Hoy en día, es el punto de partida de varias rutas de senderismo importantes del macizo.
Desde el mirador sale el sendero PR-TF 8 en dirección Taganana (2 horas de descenso, 500m de desnivel negativo). Espectacular vista al mar a mitad de camino. Regreso en autobús 947 desde Taganana o en taxi.
El sendero hasta El Dragonal discurre por la cresta con bosque a ambos lados: 45 minutos ida y vuelta, fácil, ideal con niños.
La carretera TF-12 que desciende hacia Taganana desde el mirador es una de las más espectaculares de la isla: transitable en coche, pero estrecha. Las curvas ofrecen unas vistas impresionantes de las gargantas.
